Lejos de casa, después de disfrutar de la compañía de mis amigos y compartir con ellos una cena, fui como muchas noches antes al encuentro con mi destino, ese que tanto anhelo, ese que tanto necesito.
El lugar estaba predeterminado, lo que no lo estaba era tu presencia, no se de donde saliste, no te vi cuando entre ni durante una gran parte de esa noche, solo en un momento especial (el del show) antes de que todo concluyera, apareciste a mi lado, un poco distante pero no tanto como para no intercambiar comentarios graciosos. Antes de que se normalizara y comenzara nuevamente la música, te fuiste de mi lado. Mi suerte quiso que no te fueras del boliche sino que te apartaras tan solo metros a bailar con el grupo de amigos que te acompañaban.
Repentinamente las luces menguaron y te vi, frente a mi, queriendo bailar y yo solo pensaba en complacerte, de tu nítida imagen que recuerdo de la primera vez que te vi, ahora te veía diferente, especial, recuerdo tomar tu frágil cuerpo entre mis manos, intentar coordinar movimientos para que parecieran un baile, sacar tu pelo de mi boca que extrañamente cada vez que hablaba entraba en ella. Todo eso me permite definirte en con dos palabras, ternura y gracia.
Si bien aun no he perdido la cabeza por ti me resulta necesario decir que guardo una leve esperanza de que nos volvamos a ver, que no terminemos habitando el olvido.
También recuerdo algunas palabras tuyas como que no has tenido suerte con los hombres, que has conocido muchos idiotas y en base a tus anteriores experiencias puedo explicarme el por que de no posibilitarme una forma directa de comunicación, tan solo tu mail me has dado, te agregue al msn y te busque en Factbook, pero no puedo enviarte una solicitud de amistad. No he tenido respuestas a estos hechos. No me gustaría que me tildes de idiota y desprecies conocerme. Yo por mi parte no he de resignarme a pensar en vos como ese alguien especial que puede cambiar mi vida.
Pd: Gracias por todo.
En el día después de hoy.
Hace 12 años

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